PREGUNTAS FRECUENTES - Neurocirugia Equipo de la Torre

Una historia de ciática, con o sin dolor lumbar, nos debe hacer sospechar la existencia de una hernia discal. Tras la realización de un examen físico (buscando signos de irritación de alguna raíz nerviosa y algún tipo de alteración neurológica), es fundamental solicitar pruebas radiográficas de la columna lumbo-sacra y una resonancia magnética (RM) lumbar, aunque también podría valer un escáner (TAC) lumbar. Estas pruebas deberían demostrar la compresión de la raíz nerviosa por un disco herniado, pero además se tiene que correlacionar exactamente con los resultados de la clínica y de la exploración física. Opcionalmente, se puede practicar un estudio neurofisiológico (EMG y ECN), sobre todo en casos de duda.

Los síntomas principales que podemos sufrir si padecemos esta patología son dolor lumbar (zona baja de la espalda) o dolor cervical (zona alta de la espalda) producido por la contractura muscular generada en la zona afectada. El dolor irradiado, conocido como ciática, es un dolor punzante que se extiende por las extremidades. En el caso de la hernia discal lumbar tiene su origen en la zona glútea, y puede extenderse desde la pierna hasta los dedos del pie; mientras que en el caso de la hernia discal cervical se extiende por los brazos pudiendo llegar a los dedos de las manos.

También se puede producir una mielopatía, que es la afectación de la médula espinal debido a su compresión por una hernia discal cervical. Puede presentarse como una pérdida de movilidad y de sensibilidad de características transitorias o permanentes; además de entumecimiento, pérdida de sensibilidad y/u hormigueo en la zona del dolor irradiado. La persona afectada también puede sufrir debilidad en las extremidades afectadas.

El malestar físico relacionado con una lesión o dolencia cervical puede notarse en la nuca y en la parte alta de la espalda pero también en zonas menos evidentes como la cabeza (dolor de cabeza, presión en las sienes o en la mandíbula, por ejemplo), los hombros, los brazos y las manos.

El objetivo de la intervención es devolver al paciente su calidad de vida previa y el retorno a todas las actividades que realizaba con anterioridad a tener el dolor. Los pacientes se incorporan al día siguiente y son dados de alta a los dos o tres días de la intervención.

Una recomendación importante para el regreso al mundo laboral, si todo ha ido bien, es la de ir recuperando, progresivamente, la musculatura de la espalda para que todo vuelva a la normalidad paso a paso y sin prisas, además habrá que tener en cuenta que, dependiendo de dónde tuviera la hernia discal, su recuperación será de una u otra forma.

Las hernias lumbares suelen ser más problemáticas al ser las que soportan el peso de toda la columna, es decir, tendrá que llevar a cabo una rehabilitación más intensa para conseguir recuperar la fortaleza necesaria para trabajar.

En cuanto a la práctica de ejercicio, andar es fundamental para recuperar el tono y la elasticidad muscular. Sobre todo en personas más mayores o con alguna dificultad para la práctica de otro tipo de ejercicio más intenso, es una excelente opción. Es importante recordar que, al caminar, la postura es importante, se debe caminar erguido, sin cargar sobre la zona lumbar. También debemos tener en cuenta opciones como la natación y el pilates que, sin duda, contribuirán a una mayor y más rápida recuperación de la musculatura pérdida.

El dolor en la espalda puede estar originado por varias causas, siendo las más habituales las malas posturas o movimientos inadecuados. El dolor puede desarrollarse en cualquier lado, desde el cuello hasta la parte baja de la columna y puede estar localizado o extenderse (irradiarse) a una amplia área desde un punto central. Por ejemplo, la lumbalgia o el dolor en la parte baja de la espalda es un dolor muy frecuente y puede estar provocado por coger peso de forma inadecuada o movimientos bruscos, entre otros.

Existen una serie de procedimientos para evitar que vaya a más, como determinados tratamientos de fisioterapia, con masajes, cambio en los hábitos posturales frente al ordenador, en el trabajo, y ejercicios de estiramientos y de fuerza para aumentar la musculatura intervertebral que da soporte a las vértebras. La solución más radical y efectiva cuando ya se sufre una patología como la hernia discal es la cirugía. Sin embargo, es aconsejable que ante los primeros síntomas y molestias, la iniciación de un tratamiento que pueda prevenir una deformación progresiva del disco intervertebral y de las propias vértebras.

Para prevenir y mantener nuestra columna en buen estado y nuestra salud en general, es de vital importancia una correcta higiene postural, además de realizar ejercicio de forma frecuente. No realizar ejercicio, mantener posturas incorrectas y una columna en malas condiciones, a la larga, nos acarreará dolores y molestias que pueden llegar a ser incapacitantes. También pueden darse afectaciones neurológicas que podrán derivar en problemas más serios, llegando a ser necesaria una intervención quirúrgica.

Es muy conveniente que, si nos encontramos ante una sintomatología crónica de dolor de espalda, sea el doctor el que determine si el dolor proviene de los huesos, músculos, nervios o de algún órgano, tras realizar una minuciosa historia clínica y un examen físico. Para realizar el estudio se pueden ayudar de pruebas diagnósticas por imagen, que incluye Rayos X, escáner de huesos, tomografía computarizada (TAC escáner) y resonancia magnética (IRM).

Las medidas que implican una buena higiene postural son básicas para la prevención de este tipo de patologías, además de un correcto control del peso y de los movimientos que realizamos, así como mantener un buen tono muscular mediante la práctica habitual de ejercicio.

Cuando cojamos un peso del suelo, la forma correcta de hacerlo es doblando las rodillas y estirando las piernas hacia arriba. Es muy importante mantener la espalda recta mientras lo levantamos, no como solemos hacerlo, doblando la espalda y tirando hacia arriba, ya que esto genera un gran impacto en la zona lumbar.

El ejercicio regular reduce el riesgo cardiovascular, pero el ejercicio no es “todo o nada” cuando se trata de su salud. Es muy posible ejercitarse formidablemente en una sesión de 20 minutos dos o tres veces a la semana, pero si usted por alguna razón no puede hacer tres sesiones de ejercicio a la semana, pero sí puede hacer solo una, entonces eso le brindará algún beneficio. Caminar de forma regular (más de 7.000 pasos al día) también es importante, además del ejercicio de forma regular.

No podríamos dormir sin almohada ya que mantiene sujeta la cabeza mientras dormimos y ayuda a la columna a mantenerse en una buena posición mientras descansamos. Independientemente de la postura que tengas durmiendo, es muy importante elegir una almohada cuyo tamaño, medido en el ancho, sea mayor a la distancia desde el hombro a la parte superior de la cabeza.

Para el dolor lumbar, la mejor posición es de espaldas (boca arriba) con una almohada colocada debajo de las rodillas para minimizar el arqueamiento de la espalda. ¿La peor? Boca abajo o de espaldas sin tener una almohada debajo de las rodillas.

Recuerda siempre que la espalda es el punto de apoyo fundamental de nuestro cuerpo y base de todo movimiento, por ello debes proporcionarle los mejores cuidados posibles, para evitar lesiones y problemas. El tipo de zapatos que utilizamos influye en la salud de la espalda. Un calzado inapropiado repercute tanto en la salud de nuestros pies como de la espalda, y esto es extensivo tanto para el uso continuado de zapatos demasiado altos como para zapatos demasiado bajos. Como recomendación general, lo ideal es usar zapatos de entre 2 y 4 centímetros de altura. En cualquier caso evitar zapatos que sobrepasen los 5 centímetros de tacón.

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